La importancia de los adultos en la vida de los pequeños.
“A mis 2 años de
vida, vi con estos mis ojos muchos niños riendo, parecía ser algo divertido,
por supuesto, necesitaba ver de qué se trataba, corrí olvidando un poco la mano
que me ayudaba a llevar el buen paso, por eso caí, pero como ya había caído
otras veces, lo que hice fue mirar atrás, mi mamá parecía observándome
tranquila y como me dolió poquito y estaba
tan entusiasmado seguí adelante.
Al llegar vi a los
niños, ellos subían la escalera y se lanzaban rápidamente por algo parecido a
un cerro, un impulso irresistible me invito a hacer lo mismo, escuche leeejoooos
a mi mamá diciendo “cuidado con el resbalin”, entonces subí rapidito para que no me pillaran, mi mama algo
inquieta al parecer, se acercó un poco. Justo en ese momento llegue arriba, mire entusiasmado hacia el
suelo y simplemente, llore ¡¡¡que susto parecía que me iba a caer!!!.
En ese momento se
me acabo el valor y solo quería a mi mamita cerquita, entonces me abrazo. Era
tan calentito que se me paso todo lo que sentía. Yo no quería ir nuevamente,
pero la mano de mi mamá me llevo y su carita sonriente me decía que podía hacerlo,
así que llegue arriba y cuando sentí miedo estábamos juntitos de la mano, ella
me salvaría, entonces me lance, me dio una sensación en la guatita que me hizo
reír a carcajadas, fue en ese momento cuando mire los ojitos de mi mamá y simplemente
reímos juntos”.
Al nacer un bebe está en plenitud
conectado con la madre, fisiológicamente ella lo puede sentir, un ejemplo muy
claro de esto es cuando al bebe le da hambre y la madre produce leche, sea
donde sea que se encuentre. El niño es
uno con la madre y se vincula con ella para todas sus necesidades: por ejemplo
la alimentación, la regulación de los signos vitales, como son; presión arterial, ritmo cardiaco y ritmo
respiratorio. Sus emociones también se ligan, sintiéndose la madre
emocionalmente similar al pequeño. Toda esta conexión tiene una simple y grandiosa
razón de ser “sobrevivencia”, en la primera etapa el bebe aprende a sobrevivir
y sabe instintivamente que la madre es la clave de esto.
Estar presentes y disponibles es
imprescindible en la primera etapa, un adulto en control le da una sensación templada
al pequeño, estado que desarrolla
seguridad y confianza básica, fortalece el campo emocional de los niños
y además los nutre por completo.
A medida que crecemos
experimentamos muchos cambios y el primero de ellos es conocer que somos otro, “otro
yo” que no es mi madre. El niño vive el primer contacto con lo exterior, en la
mayoría de los casos cuando conoce al padre o un adulto representativo en la
crianza, abuelos, cuidadores, etc. Este contacto con el exterior marcara la
relación con su entorno, cada uno graba estas experiencias, siente, piensa y vive
cada instante como un presente, luego vendrá el momento de darse cuenta del
tiempo.
Al crecer las experiencias crean sensaciones nuevas en la que los niveles propios de seguridad y
confianza básica posteriormente afloran. Frente a emociones como alegría,
frustración, miedo, etc. El niño volverá a su madre que lo cuida, o a la figura
de apego que represente esta seguridad. En el caso de los que ya han crecido un poco, inconscientemente
reaccionaran desde el asentamiento de estas cualidades.
Al estar bien satisfecho
emocional, mental y físicamente, el niño puede explorar mejor y entender de
buena forma su entorno, la claridad con que los adultos explicamos el mundo
también es crucial, muchas veces las definiciones dejan a la imaginación gran
parte, por carecer de la información certera un niño de mente activa crea ideas confusas
sobre situaciones y cosas. Esto no quiere decir que evitemos la creatividad,
simplemente si un pequeño pregunta algo respondamos con claridad y respeto por
el saber.
Los adultos creemos que somos
concretos, realistas y conocedores de la vida que llevamos, sin embargo,
también inventamos historias, prueba clara de ello es el “viejo del saco”, “que
las cosas o personas se hacen humo” y “que las zanahorias ponen los ojos
verdes”; imposible seria prohibir la fantasía, que es muy sana en la edad
apropiada, permitir la mente abierta es la forma más clara de alimentar la
imaginación, debemos entonces inspirar la mente abstracta del niño que más adelante
les permitirá crear y estar motivados desde un piso sólido y seguro.
En las noches la mayoría de las
crías mamíferas duermen al calor de su madre, a excepción de nosotros los seres
humanos, una razón de ello es que como adultos sabemos que no hay peligro, si
lo hubiese seguramente la madre se inquietaría y querría tener al niño muy
cerca. El hijo debe aprender esto, confiar en que estará seguro, simplemente
tener fe. Usualmente es ese adulto en calma y control el que enseña a dormir.
Cuando vienen los miedos es la madre quien los espanta con sus miles de
amorosas formas.
En toda la infancia se reconoce
esta necesidad de seguridad, es la forma en que niños sanos salen a explorar el
mundo, un mundo que a veces parece fabuloso, otras veces da susto, sin embargo
siempre nos inspira a aprender y más allá de todas las experiencias toma un rol
fundamental el cariño, la claridad y la confianza con la que vivo.
Con Cariño Alma Mía.
Karime González.


