jueves, 16 de marzo de 2017

La importancia de los adultos en la vida de los pequeños.

“A mis 2 años de vida, vi con estos mis ojos muchos niños riendo, parecía ser algo divertido, por supuesto, necesitaba ver de qué se trataba, corrí olvidando un poco la mano que me ayudaba a llevar el buen paso, por eso caí, pero como ya había caído otras veces, lo que hice fue mirar atrás, mi mamá parecía observándome tranquila  y como me dolió poquito y estaba tan entusiasmado seguí adelante.
Al llegar vi a los niños, ellos subían la escalera y se lanzaban rápidamente por algo parecido a un cerro, un impulso irresistible me invito a hacer lo mismo, escuche leeejoooos a mi mamá diciendo “cuidado con el resbalin”, entonces subí  rapidito para que no me pillaran, mi mama algo inquieta al parecer, se acercó un poco. Justo en ese momento  llegue arriba, mire entusiasmado hacia el suelo y simplemente, llore ¡¡¡que susto parecía que me iba a caer!!!.
En ese momento se me acabo el valor y solo quería a mi mamita cerquita, entonces me abrazo. Era tan calentito que se me paso todo lo que sentía. Yo no quería ir nuevamente, pero la mano de mi mamá me llevo y su carita sonriente me decía que podía hacerlo, así que llegue arriba y cuando sentí miedo estábamos juntitos de la mano, ella me salvaría, entonces me lance, me dio una sensación en la guatita que me hizo reír a carcajadas, fue en ese momento cuando mire los ojitos de mi mamá y simplemente reímos juntos”.  


Al nacer un bebe está en plenitud conectado con la madre, fisiológicamente ella lo puede sentir, un ejemplo muy claro de esto es cuando al bebe le da hambre y la madre produce leche, sea donde sea  que se encuentre. El niño es uno con la madre y se vincula con ella para todas sus necesidades: por ejemplo la alimentación, la regulación de los signos vitales, como son;  presión arterial, ritmo cardiaco y ritmo respiratorio. Sus emociones también se ligan, sintiéndose la madre emocionalmente similar al pequeño. Toda esta conexión tiene una simple y grandiosa razón de ser “sobrevivencia”, en la primera etapa el bebe aprende a sobrevivir y sabe instintivamente que la madre es la clave de esto.
Estar presentes y disponibles es imprescindible en la primera etapa, un adulto en control le da una sensación templada al pequeño, estado que desarrolla  seguridad y confianza básica, fortalece el campo emocional de los niños y además los nutre por completo.
A medida que crecemos experimentamos muchos cambios y el primero de ellos es conocer que somos otro, “otro yo” que no es mi madre. El niño vive el primer contacto con lo exterior, en la mayoría de los casos cuando conoce al padre o un adulto representativo en la crianza, abuelos, cuidadores, etc. Este contacto con el exterior marcara la relación con su entorno, cada uno graba estas experiencias, siente, piensa y vive cada instante como un presente, luego vendrá el momento de darse cuenta del tiempo.
Al crecer las  experiencias crean sensaciones nuevas  en la que los niveles propios de seguridad y confianza básica posteriormente afloran. Frente a emociones como alegría, frustración, miedo, etc. El niño volverá a su madre que lo cuida, o a la figura de apego que represente esta seguridad. En el caso de los que  ya han crecido un poco, inconscientemente reaccionaran desde el asentamiento de estas cualidades.
Al estar bien satisfecho emocional, mental y físicamente, el niño puede explorar mejor y entender de buena forma su entorno, la claridad con que los adultos explicamos el mundo también es crucial, muchas veces las definiciones dejan a la imaginación gran parte, por carecer de la información certera  un niño de mente activa crea ideas confusas sobre situaciones y cosas. Esto no quiere decir que evitemos la creatividad, simplemente si un pequeño pregunta algo respondamos con claridad y respeto por el saber.
Los adultos creemos que somos concretos, realistas y conocedores de la vida que llevamos, sin embargo, también inventamos historias, prueba clara de ello es el “viejo del saco”, “que las cosas o personas se hacen humo” y “que las zanahorias ponen los ojos verdes”; imposible seria prohibir la fantasía, que es muy sana en la edad apropiada, permitir la mente abierta es la forma más clara de alimentar la imaginación, debemos entonces inspirar la mente abstracta del niño que más adelante les permitirá crear y estar motivados desde un piso sólido y seguro.
En las noches la mayoría de las crías mamíferas duermen al calor de su madre, a excepción de nosotros los seres humanos, una razón de ello es que como adultos sabemos que no hay peligro, si lo hubiese seguramente la madre se inquietaría y querría tener al niño muy cerca. El hijo debe aprender esto, confiar en que estará seguro, simplemente tener fe. Usualmente es ese adulto en calma y control el que enseña a dormir. Cuando vienen los miedos es la madre quien los espanta con sus miles de amorosas formas.
En toda la infancia se reconoce esta necesidad de seguridad, es la forma en que niños sanos salen a explorar el mundo, un mundo que a veces parece fabuloso, otras veces da susto, sin embargo siempre nos inspira a aprender y más allá de todas las experiencias toma un rol fundamental el cariño, la claridad y la confianza con la que vivo.
Con Cariño Alma Mía.

Karime González.